Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

martes, 12 de septiembre de 2006

Hablar

Qué bonito, ¿verdad?, a todo el mundo nos gusta que los demás nos hablen, se muestren interesados por nuestras vidas y quehaceres. Nos hace sentir queridos, apreciados en el entorno que nos movemos..., o por lo menos esa es la norma, ¿no?
Pues a mí ayer lunes tanto interés por hablar conmigo acabó por tocarme las narices, mira por dónde. Tuve que trabajar en Tilbury, donde hace tiempo que no voy un lunes, y tenía turno de mañana. El primero fue Steve, que aunque no habló demasiado, ya elevó el listón de mi paciencia por encima de lo normal, con sus acostumbradas alusiones a Stark Trek y demás parafernalia ("¡Ready to set the thrusters to top speed, sir!, ¡we have enough power to launch the warp engine on your command!"..., y otras expresiones por el estilo). Luego, al poco, vino Tushar, sorprendido de verme en la oficina. Enseguida empezó a preguntarme por la familia, que cómo van los hijos, que qué tal el fin de semana, etc, etc. Yo me tenía que ir al puerto a hacer las inspecciones, y no sabía como cortarle. En una breve interrupción por Steve, aproveché para hacer una llamada al puerto y anunciar que todo estaba listo para mí: un farol, por supuesto, pero eran ya cerca de las ocho menos cuarto y todavía no había hecho nada de nada. Una vez en el puerto, la cosa fue más fluida. La conversación no se interponía con el trabajo, y estuve, como quien dice, sin parar de ambas cosas (conversar y currar) hasta casi las once, hora en que Esther vino a relevarme. Como también hacía tiempo que no la veía, se inició una conversación que tampoco tenía síntomas de acabar, aunque afortunadamente interrumpida por algo o alguien que ahora mismo no recuerdo. El caso es que no me había cundido demasiado en esas cuatro horas de trabajo, y se me iban acumulando las cosas, sin contar por supuesto la preparación de la auditoría para hoy. Cuando regresé a la oficina intenté evitar la habitación de los "technical assistants", lugar ideal para escaquearse del resto del mundo con la excusa de ir a recoger algún documento y perderse en el cotilleo general de oficina... Sin embargo, para mi frustración, apenas entré en la oficina de los inspectores, me encontré con el director que, casualidades de la vida, se moría de ganas de contarle a alguien su viaje veraniego a Sri Lanka (se escribe así, ¿no?). ¿Y quién fue el desafortunado que se cruzó por su camino? ¡Yo, quién si no!. Creo que me tuvo cosa de media hora ahí de pie, en un monólogo que a veces yo interrumpía discretamente para insertar comentarios intentando disimular mi aburrimiento, agobio y tensión con la susodicha conversación. No es que no me gustase hablar con él, sino que realmente no encontraba la situación como ideal para una charla amistosa de semejante duración!).
Después vino Carlos (breve y al grano, por fortuna), Chris (chistes malos plus cosas sindicales que no pude/quise entender), y por último, algunas de las oficinistas poco antes de irme (¡demasiada gente en un espacio tan reducido!...).
...Me sentí de lo más aliviado cuando por fín acabé y me fui. Incluso el atasco de tráfico no me importó: al contrario, me devolvió algo de mi espacio perdido..., ¡hasta que llegué a casa!.

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