Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

domingo, 18 de noviembre de 2007

The City of London: la censura del Big Brother (I´m watching you...)

Me parece una invasión a mi privacidad. Me explico: en el trabajo una persona tiene un contrato con su compañía: tú me pagas y yo te dedico mi tiempo a las tareas que se me encomienden durante siete horas diarias con media hora de descanso entre medias. Durante este descanso, muchos trabajadores se traen su periódico, algunos se traen libros, otros se dedican a hablar entre ellos, y últimamente, una creciente mayoría nos dedicamos a surfear en el Internet. La cuestión es siempre la misma, es decir, no abusar del sistema, ni que el sistema abuse de tí; cuestión de confianza, vamos.
Ahora bien, ocurre algo curioso dentro de la organización para la que trabajo (y estoy seguro que no es la única donde pasa): no hay nada malo con charlar con la gente de la oficina sobre cualquier tema que se te ocurra, y de hecho la mayoría de la gente se pasa el tiempo hablando de cosas que no tienen nada que ver con el curro, pero bueno, el ser humano es un ser social por naturaleza, y no lo podemos evitar. Al "empleador" por lo tanto no debiera importarle demasiado que los empleados hablen entre sí en horas de trabajo, siempre y cuando el trabajo que se les ha encomendado se haga. Y sin embargo, este empleador en cuestión no sólo no quiere que nos comuniquemos con otros, sino que además quiere saber de nuestras conversaciones privadas. ¿Y por qué todo ésto? ¿Miedo a las "consecuencias" de las nuevas tecnologías? No lo sé. Pero la evidencia de lo que digo está aquí:

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