Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

martes, 28 de octubre de 2008

Conversación vanidosa

Rham: Parece que tu mujer tenía razón después de todo…

Beelci: Pues sí…

R- parece que todo el tema éste de los blogs, videos en Youtube, Wikipedia, etc, etc, no son más que el reflejo de lo que hacen algunos para atraer la atención de otros sobre sí mismos. Pura vanidad, vamos...

B- Ya…

R- A esos les llaman "attention seekers", gente que necesita ser reconocidos por los demás para estar a gusto con ellos mismos…

B- Ya…

R- Pues si tú tienes un blog serás uno de esos vanidosos "attention seekers"…

B- Bueno tío, tampoco te pases, que eso de "attention seeker" suena como si uno fuese un bicho raro. Sabes? A mí me parece que en el fondo todo el mundo estamos de alguna manera tratando de llamar la atención sobre nosotros mismos. Que es una parte normal del comportamiento humano. El Internet es sólo una herramienta más a nuestra disposición para el mismo fin de aumentar nuestra "popularidad" dentro de nuestros círculos sociales…

R- que pasa que tú quieres ser popular en el Internet porque en la realidad no virtual no lo eres?

B- Joder cómo me lo pintas tío. Bueno, la verdad es que no me considero como una de esas personas extremadamente populares, que van conociendo gente y haciendo amigos allá por donde van, que le caen bien a todo el mundo, o que saben como influenciar a los demás. Más bien me considero como un tipo mediocre…

R- Eso no sé si suena peor que lo de "attention seeker"...

B- Ya, ya, lo de mediocre no me suena muy bien tampoco, pero yo me lo tomo como que si hay algo en lo que yo destaco es en que estoy en el termino medio, no sobresalgo en nada más que en el hecho de no sobresalir, soy la mediocridad llevada a su extremo más perfecto… No dicen por ahí eso de que la virtud está en el medio?

R- te estás liando…Por lo que veo tú no necesitas abuela, eh?

B- Pero bueno, vamos a ver, y tú, tú quien te crees que eres para andar juzgándome a mí, eh?

R- Yo no soy más que una más de tus personalidades, inventada en este caso para justificarte en el blog, esquizofrénico, que no eres más que un esquizofrénico perdido…

B- Vete a la mierda, tío, déjame en paz…

R- Ves? Y además de esquizo, insociable… Y así te va…

R- …, en cualquier caso, vas a seguir con el blog?

B- Y a ti qué te importa, eh?

R- Pues…, me va la vida en ello…

04 October 2008, NewScientist.com news service: "…Finally, confirmation of what many have long suspected - people who regularly upload material to the internet are just attention seekers. (…) researchers at Hewlett-Packard's lab in Palo Alto, California, have shown that contributors are in it for personal glory, not public service. The team analyzed the habits of 580,000 YouTube contributors and found that the more hits their videos got, the more likely they were to continue uploading material (arxiv.org/abs/0809.3030v1)"

miércoles, 22 de octubre de 2008

Los autobuses del infierno

Existen. Y treinta será el nuevo número maldito ya que treinta serán los autobuses que portarán el mensaje del diablo. Y veintiocho días serán los que el demonio y sus secuaces se paseen libres por las calles de esta ciudad de Londres, porque esos serán los días en los que a los treinta malditos se les permitirá salir de sus cubiles y anunciar a los cuatro vientos su falsa profesía.
Los benditos de corazón desviarán su mirada y pedirán por el alma perdida de los conductores de los treinta (dios perdónales, porque ellos no saben lo que hacen...). Aquellos con el espíritu ya corrompido por previas encíclicas satánicas sucumbirán a las nuevas palabras de Lucifer, y leerán la tan negra misiva, y sonreirán con la mirada idiotizada, y ajenos al destino que les espera por su descarada insumisión a la verdad divina, continuarán con su rumbo hacia el averno infinito...

...Dios no existe... Ése es el mensaje...

...bueno, dios probablemente no exista. ¡Pues entonces deja de preocuparte y disfruta de tu vida!

PS. Idea original de Ariane Sherine de The Guardian (1 y 2) que, además de guapa (por lo menos en la foto), parece una tipa realmente inteligente.

jueves, 16 de octubre de 2008

Wall Street y los monos

El otro día recibí una fábula por e-mail que me hizo pensar un poco, aunque quizás más de lo que el autor de la misma hubiese querido:


Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, que está dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $10.

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar. Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno. Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos. Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
‘Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno. Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'.

Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.


A simple vista la fábula parece explicar como funciona en parte la bolsa/ mercado de valores. Sin embargo, y mirando detenidamente el contenido, hay mucho más significado detrás de esas palabras..., por lo menos para mí.

Para empezar, uno se identifica de primeras con los campesinos a los que “los de siempre” les toman el pelo y acaban aprovechándose de su ingenuidad. No obstante el “señor bien vestido” bien pudiera ser una persona “honrada” como cualquiera otra, pero de alguna manera obsesionada con la colección de monos (y, bueno, con montones de dinero para gastar, vale). No hay nada extraño en esto ya que a todos nos gusta coleccionar cosas. De hecho, nuestras vidas se van llenando de cosas que coleccionamos constantemente sin que, aparentemente, tengamos ninguna necesidad “real” o “lógica” para ello. Si tuviésemos recursos ilimitados, seguramente todos actuaríamos como el señor bien vestido de la fábula, sólo que en lugar de monos coleccionaríamos cualquier otra cosa..., yo qué sé…, libros, películas, bonsáis, fotografías, ropa, coches, acciones en bolsa, propiedades… De aquí se deduce que en el fondo el señor bien vestido no es más que una persona más en el conjunto de los humanos, y que las características que lo definen se pudieran aplicar a casi cualquier otro individuo. No es por tanto del grupo de “los de siempre”, sino que más bien uno más del montón.

Después tenemos al ayudante, que la impresión que da es que es un mentiroso patológico y embaucador que juega a doble banda. De nuevo, el hecho que la gente mienta no es nada nuevo, ni exclusivo de "los de siempre". Como todo el mundo sabe, todos mentimos de alguna forma u otra más o menos constantemente (y quien lo niege es un mentiroso). Es parte de nuestra naturaleza, y este comportamiento no es más que una herramienta más de la psicología de un ser social como el ser humano. Mentimos para salirnos con la nuestra, para ganar ventaja contra la competencia, para no herir los sentimientos de otro, para herirlos, etc, etc. Por lo tanto también podría decirse que el ayudante no es más que otro del montón, nada diferente del resto de los humanos. Las circumstancias le han llevado a intentar sacar tajada de una oportunidad “de oro” (la verdad es que la fábula en cuestión no especifica qué fue lo que pasó con el señor bien vestido ni con su ayudante, pero, malpensados que somos, asumimos lo peor...).

Por último, y volviendo con el grupo con el que nos sentíamos identificados originalmente, resulta que los campesinos, que al principio parece ser que vivían más o menos armoniosamente con el medio ambiente y sin causar estragos ni extinciones, sólo bastó un pequeño empujoncito para que dejaran su medio de vida tan “idílico” y en equilibrio con su mediio y se dedicaran a la caza intensiva del mono como si no hubiese nada más importante en el mundo. ¿Y por qué? Pues porque un campesino vió que era dinero fácil, que era una forma más cómoda y efectiva para ganarse la vida y de paso asegurar posiblemente un mejor porvenir para su descendencia. Y el resto, por no quedarse atrás plantando nabos y partiéndose la espalda en la huerta, hizo lo mismo. Y al final todo eso generó la industria de la caza del mono que realmente no servía para nada útil, simplemente para satisfacer una mera cualidad del comportamiento humano, la de la infinita colección. Y el resto, como dicen por ahí, es historia...

Conclusión: que la culpa de la crisis económica actual la tenemos todos, y que en las mismas circumstancias volverá a suceder: lo llevamos en nuestros genes, somos seres irracionales, mentirosos y actuamos sin consideración alguna de las posibles consecuencias de nuestras acciones (es imposible saberlo, ¿no?). Solución:... ¡¿y a mí qué me cuentas?!, ¡yo de economía no entiendo ni flores!!

viernes, 3 de octubre de 2008

El efecto mariposa

De todos es bien sabido que según vuelen las mariposas en mi jardín de Londres en primavera, así será la temporada de los huracanes en el Caribe al finales de verano/ principios de otoño. Es el llamado efecto mariposa. Más que conocido el desastroso resultado del raquetazo que mi hija le dió a aquella dichosa polilla en el jardín en abril del 2005: unos meses más tarde, y a consecuencia de los progresivos cambios de presión atmosférica originados después del tremendo golpe recibido por aquella desdichada criatura (... me refiero a la polilla...), el huracán Katrina llegaba a su categoría 5 y lió la que lió en New Orleans. Ya le reñí en su momento a mi hija por lo que había hecho así que, cuando pasó lo del huracán, decidí que ella ya había recibido lo suyo y que no debiera castigarla más. Y, es que, además de eso, ¿cómo coño iba a saber yo entonces las posibles consecuencias de aquel por otra parte insignificante acto de una niña pequeña? (yo en aquel entonces aún no había visto la película…).

Y es que es imposible. Y no es una excusa, pero no podemos predecir las consecuencias de nuestros actos. Y ejemplos de esta dinámica de nuestro mundo determinista llevada a sus máximos extremos los tenemos a porrillos todos los días. Desde el aleteo de uno de nuestros párpados capaz de provocar un huracán en el corazón de otra persona, hasta el simple sonido de unas palabras que, sacadas de contexto y expuestas al mundo entero, pueden llegar a costar hasta 5 millones de libras. Aunque a veces, después de todo, las imprevisibles consecuencias de nuestras por otra parte "bienintencionadas" acciones, sean, en el fondo, mejor de lo que uno se pueda imaginar. Incluso cuando uno mismo no sea el beneficiario directo de dichas consecuencias...
Sarah