Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

jueves, 16 de octubre de 2008

Wall Street y los monos

El otro día recibí una fábula por e-mail que me hizo pensar un poco, aunque quizás más de lo que el autor de la misma hubiese querido:


Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, que está dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $10.

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar. Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno. Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos. Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
‘Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno. Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'.

Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.


A simple vista la fábula parece explicar como funciona en parte la bolsa/ mercado de valores. Sin embargo, y mirando detenidamente el contenido, hay mucho más significado detrás de esas palabras..., por lo menos para mí.

Para empezar, uno se identifica de primeras con los campesinos a los que “los de siempre” les toman el pelo y acaban aprovechándose de su ingenuidad. No obstante el “señor bien vestido” bien pudiera ser una persona “honrada” como cualquiera otra, pero de alguna manera obsesionada con la colección de monos (y, bueno, con montones de dinero para gastar, vale). No hay nada extraño en esto ya que a todos nos gusta coleccionar cosas. De hecho, nuestras vidas se van llenando de cosas que coleccionamos constantemente sin que, aparentemente, tengamos ninguna necesidad “real” o “lógica” para ello. Si tuviésemos recursos ilimitados, seguramente todos actuaríamos como el señor bien vestido de la fábula, sólo que en lugar de monos coleccionaríamos cualquier otra cosa..., yo qué sé…, libros, películas, bonsáis, fotografías, ropa, coches, acciones en bolsa, propiedades… De aquí se deduce que en el fondo el señor bien vestido no es más que una persona más en el conjunto de los humanos, y que las características que lo definen se pudieran aplicar a casi cualquier otro individuo. No es por tanto del grupo de “los de siempre”, sino que más bien uno más del montón.

Después tenemos al ayudante, que la impresión que da es que es un mentiroso patológico y embaucador que juega a doble banda. De nuevo, el hecho que la gente mienta no es nada nuevo, ni exclusivo de "los de siempre". Como todo el mundo sabe, todos mentimos de alguna forma u otra más o menos constantemente (y quien lo niege es un mentiroso). Es parte de nuestra naturaleza, y este comportamiento no es más que una herramienta más de la psicología de un ser social como el ser humano. Mentimos para salirnos con la nuestra, para ganar ventaja contra la competencia, para no herir los sentimientos de otro, para herirlos, etc, etc. Por lo tanto también podría decirse que el ayudante no es más que otro del montón, nada diferente del resto de los humanos. Las circumstancias le han llevado a intentar sacar tajada de una oportunidad “de oro” (la verdad es que la fábula en cuestión no especifica qué fue lo que pasó con el señor bien vestido ni con su ayudante, pero, malpensados que somos, asumimos lo peor...).

Por último, y volviendo con el grupo con el que nos sentíamos identificados originalmente, resulta que los campesinos, que al principio parece ser que vivían más o menos armoniosamente con el medio ambiente y sin causar estragos ni extinciones, sólo bastó un pequeño empujoncito para que dejaran su medio de vida tan “idílico” y en equilibrio con su mediio y se dedicaran a la caza intensiva del mono como si no hubiese nada más importante en el mundo. ¿Y por qué? Pues porque un campesino vió que era dinero fácil, que era una forma más cómoda y efectiva para ganarse la vida y de paso asegurar posiblemente un mejor porvenir para su descendencia. Y el resto, por no quedarse atrás plantando nabos y partiéndose la espalda en la huerta, hizo lo mismo. Y al final todo eso generó la industria de la caza del mono que realmente no servía para nada útil, simplemente para satisfacer una mera cualidad del comportamiento humano, la de la infinita colección. Y el resto, como dicen por ahí, es historia...

Conclusión: que la culpa de la crisis económica actual la tenemos todos, y que en las mismas circumstancias volverá a suceder: lo llevamos en nuestros genes, somos seres irracionales, mentirosos y actuamos sin consideración alguna de las posibles consecuencias de nuestras acciones (es imposible saberlo, ¿no?). Solución:... ¡¿y a mí qué me cuentas?!, ¡yo de economía no entiendo ni flores!!

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