Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

jueves, 29 de enero de 2009

Recesión: lo peor para la GB

Ayer se me hizo más patente que la crisis es real. A un conocido que trabaja en la City le han dado la carta de despido: de conductor de un BMW todo-terreno y pelas por un tubo, a desempleado y sin expectativas (por lo menos así, de primeras). Un hermano en paro, otro que duda si este año trabajará lo suficiente, o simplemente si trabajará, y un pariente de mi pareja que, debido a la falta de trabajo en su empresa, trabajan una semana sí y otra no. Por fortuna para mí, mi trabajo parece seguro, al igual que el de mi pareja, por lo menos por ahora…

A todo esto hay que añadir que, según los medios de comunicación, el Fondo Monetario Internacional dice que el Reino Unido será el país de los llamados "desarrollados" al que peor afecte esta recesión…, noticias malas, una tras de otra…

El caso es que, leyendo el "The Guardian", veo que hubo una recesión similar a mediados de los 70/ principios de los 80 (¿?!!). Por aquella época yo no era más que un estudiante adolescente de bachillerato, probablemente más afectado por mis hormonas que por cualquier crisis anunciada por los medios de comunicación de entonces. De hecho, tengo la fortuna de no recordar para nada que hubiera crisis alguna. No es que fuese rico ni mucho menos, pero de alguna forma mi familia escapó ilesa de todo aquello, o por lo menos eso me dice la memoria ( ¿será que no hubo recesión en la España de aquel entonces?).

En fin, ahora da igual. Lo que cuenta es lo que se nos viene encima. Y, según nos cuentan, es bastante gordo..., aunque, de todas formas, como realmente no tenemos ni idea de qué es (¡quién pudiera adivinar el futuro!), lo mejor será preocuparse de lo realmente importante…

…Vamos a ver, B&Q está vendiendo mantillo a dos duros, hmmm, buena oportunidad que no voy a desperdiciar para la huertecilla. Y de paso, a ver si planto la mata esa de ruibarbo que compré ayer, y preparo los nuevos parterres para los calabacines, etc., etc., etc.…

jueves, 22 de enero de 2009

Grooming


Me gusta este verbo. Se puede traducir del inglés de varias maneras, pero la que más me interesa es la de “acicalar”, y particularmente dentro del contexto de “mutual grooming” o “acicalamiento mútuo”. Ésta viene a ser una actividad que suelen llevar a cabo ciertas especies de animales que viven en grupos, y tiene, aparentemente, varias funciones: los animales que la practican encuentran una manera de desparasitarse que de otra manera no podrían por sí mismos. Lo único que deben de hacer es devolver el favor de una forma u otra, normalmente acicalando al colega que a priori te hizo el favor. De esta relación aparece la siguiente y creo que más importante función del "grooming": la de una herramienta social que permite establecer y mantener las relaciones dentro de un grupo y lo hace funcionar como tal. Esto se observa a menudo en los grupos de primates, donde a menudo se ve cómo se quitan los piojillos entre unos y otros.

El efecto del “grooming” como herramienta social es tan fuerte que, a veces puede incluso implicar la expulsión de un individuo de un cierto grupo. De hecho, una de las formas de ver el estatus de cada individuo dentro de estos grupos es ver el nivel de grooming a que está sometido o que tiene que realizar: mientras más compañeros para grooming tenga el individuo, mejor situado estará dentro de su grupo y recibirá más apoyo en cualquiera de sus conflictos. Por otra parte, aquel individuo que no participa en esta actividad, se ve normalmente desplazado a la periferia del grupo, más expuesto a los peligros, y obtendrá menos ayuda por parte de sus compañeros. Estos individuos, tan alejados de la jerarquía del grupo, tienen por lo general una esperanza de vida menor que el resto: aparte del riesgo que implica el estar fuera de la protección del grupo (los depredadores cogerán primero a los que estén fuera), la misma situación de “estar fuera” provoca stress en el animal, lo cual lo hace más vulnerable al ataque de infecciones, etc., y ello a su vez más propenso a quedarse rezagado con respecto a los demás, etc., etc. Hay por lo tanto un fuerte incentivo en permanecer dentro del grupo de los que se “acicalan” mutuamente, sobre todo por lo difícil que es romper el círculo vicioso de los desterrados una vez que caen en él…

Como buenos primates que somos, nosotros los humanos también practicamos el grooming, aunque con una diferencia: nuestro grooming lo hacemos por medio de nuestro lenguaje (hay quien dice que el lenguaje humano evolucionó como una forma de acicalamiento mútuo). Evidentemente, nuestras circunstancias son infinitamente más complejas que las de otros primates (o por lo menos eso nos gusta creer), empezando por que no pertenecemos a un solo grupo, sino a varios más o menos interconectados: al de la oficina, el de la casa propia de uno, al de los amigos con los que uno “sale” o “socializa”, al de los familiares, o incluso se pudiera decir que al de los “grupos sociales virtuales” como pudieran ser por ejemplo los blogs y demás. Uno ocupará distintas posiciones en cada grupo, estando más o menos dentro de cada uno, más o menos expuesto a los estreses de la vida en la periferia, acicalando o dejando de acicalar…

La realidad es que, releyendo lo escrito, no puedo evitar la comparación entre lo que veo en mi oficina a diario y un grupo de mandriles (aquí o haces "grooming" o te comen los piojos)..., pero bueno, por fortuna para mí, tengo otros "grupos sociales" donde me encuentro más "acicalado": por ejemplo y sin ir demasiado lejos, los macacos de mi casa…, por lo menos por ahora, claro.

lunes, 12 de enero de 2009

A cuatro bajo cero

Lo que me marcaba el termómetro del coche cuando este sábado pasado me fui a la huerta. Y desde ahí hasta dos bajo cero para el mediodía. Temperatura ideal para la excusa perfecta: hace demasiado frío para que los niños viniesen conmigo, y de paso para cualquiera de los demás hortelanos, ya que ninguno apareció mientras estuve por allí. Por supuesto, tube tiempo de sobra para lo que quería hacer, sin nadie que me molestara...
La tierra estaba helada. El suelo duro como la piedra. Manchas de escarcha por doquier, los tanques de agua para regar en verano completamente congelados, con hielo transparente que permitía ver a su través un fondo de algas vivas esperando momentos mejores...
Nadie en la huerta excepto un par de petirrojos que no me quitaron el ojo de encima tan pronto como llegué: parecía que ya sabían a lo que me iba a dedicar, y no se equivocaron. Iba a repartir el mantillo del año pasado en el parterre donde este año irán los tomates. Este mantillo que ha sido el resultado de casi todo un año de basura orgánica de la cocina de mi casa mezclado, capa a capa, con hojas de los robles del vecindario caídas el otoño del 2007.
A pesar del frío que hacía, el montón de compost estaba cargadito de lombrices rojas, aún degustando los últimos residuos de mi cocina. Lombrices tiernas, jugosas, recién salidas de este montón de humus tibio por la fermentación, casi cálido al contacto, a pesar de la helada... Un auténtico banquete para esa pareja de petirrojos, que a pesar de ser dos machos, compartieron la tan repentina abundancia en un espacio tan reducido como el futuro arriate de mis tomates. Parece que estos tiempos de crisis y escasez hacen que la cooperación prevalezca sobre la lucha por el territorio.
Hm, curioso. Se me cruza por la cabeza las posibles similaritudes de esta situación con el conflicto entre israelíes y palestinos..., pero no, demasiado complicado para sacar conclusiones. Quizás para otro día.

miércoles, 7 de enero de 2009

Sentencia: dos años y pico entre rejas...

Aunque estaba dudando en titular esto como "Año nuevo, sonrisa nueva"..., pero qué más da, pal caso, ¡patatas!