Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

lunes, 26 de octubre de 2009

RACHAS

Lo que son las cosas. Hay veces que parece que todo siempre te va bien, que te crees 'on top of the world', te sientes invencible, y que nada ni nadie conseguirá arrebatarte nunca tu condición de privilegio y poder absoluto sobre todo y todos…, sólo para a continuación darte de bruces contra la realidad, que te abofetea la cara hasta partírtela en mil pedazos, dejándote hundido en la más profunda de las miserias…

Y no es que seas un maniaco-depresivo (¿o a lo peor sí?), o que tengas un desequilibrio hormonal de naturaleza cíclica (¿o a lo peor sí?), o qué sé yo, sino que simplemente eres un individuo normal y corriente con rachas, unas veces buenas, y otras no tanto. Rachas, esos periodos más o menos breves de fortuna o desgracia que nos rodean a diario, que convierten nuestras vidas en un viaje continuo de montaña rusa, con sus momentos delirantes inmediatamente seguidos de ratos de espera, giros bruscos e inesperados, golpes contra el vagón que nos lleva, risas, llantos, todos concadenados en una sucesión sin orden ni concierto, en las que el dolor de uno se convierte en la risa de otro, la desgracia de aquellos en la fortuna de éstos…

Y no podemos hacer nada por salirnos de la montaña rusa, sólo la muerte nos saca de ahí, al igual que al nacer nos ponen en esta atracción de feria, querámoslo o no. O quizás sí, quizás hay algo que podamos hacer al respecto, por lo menos para amortiguar los impactos que inevitablemente ocurrirán durante este viaje…

Creo que a lo mejor si adoptáramos la postura del mero observador, de aquel que simplemente se deja llevar por los vaivenes del trenecillo, que se mece con el raqueteo de los raíles pero no se agarra ni intenta ir en su contra, que recibe los golpes del viaje aceptándolos simplemente como lo que son, golpes de los que hay que reponerse… o no, pero golpes al fin y al cabo. A fin de cuentas el dolor también forma parte de la atracción, ¿no?, y si el daño nos hace llorar, ¿por qué intentar contener las lágrimas?, es el truco de la no resistencia, la aceptación...

…Aunque por otra parte, ¿quien se quiere montar en una montaña rusa con casco y protectores acolchados por todo el cuerpo?, ¿a quién le gustaría una montaña rusa en la que se han quitado las pendientes, enderezado las curvas y reducido la velocidad del carricoche para evitar cualquier eventualidad? Si realmente lo que más nos atrae es el riesgo y lo inesperado, es todo aquello que hace que nuestros cerebros se estrujen de una manera u otra con la novedad y lo imprevisto y que liberen litros de dopamina y adrenalina. ¿Qué hacer pues?, ¿qué opción elegir entonces?, ¿la vida dejándose llevar por los eventos, o intentar oponerse a lo inevitable?.

¿No es acaso también dicha oposición parte de la inevitabilidad de la vida? Al fin de cuentas, hagamos lo que hagamos, nunca seremos capaces de parar la trayectoria del tren.

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