Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

jueves, 20 de mayo de 2010

525.1: penita de código penal

Ojeando el 20minutos.es, veo que a Javier Khrae lo quieren empapelar por un video que hizo en el 78. La noticia hace referencia al Artículo 525.1 del Código Penal (español, por supuesto, aunque estoy seguro que en la UK tendrán legislación similar). Pues bien, googleando dicho artículo (no hay mucho going on in the office), aparece una muy interesante lista de enlaces que he hojeado para mi enriquecimiento mental y, por desgracia también, entristecimiento personal al ver que aún existe una legislación como ésta, y lo que es peor, gente que la pueda usar como arma contra la libertad de expresión. Enfín, enfin...

No me extiendo más porque ya hay gente que lo ha hecho con anterioridad mucho mejor de lo que yo jamás lo pudiera llegar a expresar. Lo que espero es que con el tiempo prevalezcan la lógica y el sentido común sobre las supersticiones, y que la ley, esa herramienta que tenemos para protegernos de nosotros mismos, sirva precísamente para eso.

"Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican"

sábado, 8 de mayo de 2010

Elecciones, varicela, y un 'impingement' del 'supraspinatus'

Para saber de las recientes elecciones inglesas que tanto han dado de comer a esos que viven de los medios de comunicación, aparte de leer sobre ellas en los sitios 'oficiales', vale la pena conocer otras opiniones. Elecciones curiosas donde las haya, que en este caso no han sido más que un 'background' de otras realidades más cercanas a uno, ya que en le fondo a mí ni me va ni me viene quién sea el que las gane: al fín de cuentas nos van a caer los mismos palos de una forma u otra, ¿no?
Varicela (chickenpox en inglis): así sin más, es una enfermedad de tipo vírico que la suelen padecer los niños. Al que le toca no le dejan ir al cole para que no le contagie al resto de los chavalines de la clase, incluso cuando ya sabes que posiblemente ha sido en el cole donde el nene la ha pillado. Más que nada es una enfermedad aparatosa, en la que le salen ronchitas por todo el cuerpo que más tarde acaban transformándose en vesiculitas, que a su vez se romperán y se secarán, de forma que en un par de semanas el niño está otra vez como si nunca hubiera pasado nada. Eso sí, mientras tanto, al chaval le pican las ronchitas cual picaduras de mosquito, con lo que hay que evitar en la medida de lo posible que se rasque demasiado y no causar más estropicio que el necesario (los anti-histamínicos valen para aliviar los síntomas). El caso es que el niño en cuestión se tiene que quedar en casita por un tiempo indeterminado ya que ni en el cole ni la guardería/ niñera, etc lo aceptarían para evitar riesgos de contagio (que no acabo de entender el problema que ello pudiera dar, pero bueno), y por todo ello los padres de la desdichada criatura tienen que acomodar/ alterar sus 'rutinas' para cuidar al enano de turno. En otras palabras, hacer malabares de nuevo para intentar controlar la situación de alguna manera (me acuerdo de la 'epifuckinglepsia', aunque por fortuna no se llegan a esos extremos...).
Por otra parte está el 'impingement'. El supraespinoso es un músculo piramidal que se origina en la fosa supraespinosa de la escápula (antiguamente omóplato), desde donde su tendón pasa el acromion por debajo y se fija en la punta de la tuberosidad mayor del húmero (antiguamente troquiter), o por lo menos eso dice la Wikipedia. Pues cuando pasa por debajo del acromion, a veces y a consecuencia de rasparse repetidamente contra la lámina del omóplato, dicho tendón de desgasta, debilita, desgarra, y crea tejido inflamado con adherencias, etc, y esto hace que te duela un huevo cuando mueves el brazo de cierta manera. Tanto que a menudo te despertarás por las noches por el dolorcito de los cojones...

Pues eso, circumstancias de la vida que dicen que la hace más interesante. Y un tiempo, frío, húmedo y miserable que no ayuda, que yo lo que quiero es irme a la huerta a que me de el aire en la cara, a ver si me despeja las ideas un poco...

lunes, 3 de mayo de 2010

El paraiso infernal

Por fin llegaron al paraíso. Después de tantas generaciones de soportar terribles hambrunas y enfermedades, de una lucha continua por la supervivencia de la especie, de un camino sin fin aparente que no llevaba a ninguna parte, por fin después de tanto tiempo, les fue concedido el derecho al paraíso, un universo que otrora se antojara como utópico y ahora sin embargo parecía ser real.
Al principio sólo eran unas pocas parejas, nerviosas ante lo desconocido, ante la incertidumbre al contemplar la grandiosidad del nuevo territorio lleno de nuevas oportunidades que se les presentaba ante sus ojos, un mundo de posibilidades en donde prosperar. En aquel mundo ellos tenían toda la comida y el agua que quisieran, suficiente para todos, cualquiera que fuese el número de esos 'todos'. No existía la enfermedad, simplemente uno se moría cuando llegaba al fin natural que su propio organismo le dictaba con la vejez. No hacía ni frío ni calor, el aire que respiraban era fresco y limpio, ni demasiado seco ni demasiado húmedo. No existían otras especies de seres vivos que pudieran ser considerados como una amenaza, ni depredadores, ni competidores, ni nadie a quien temer.
De esa manera, y a medida que esa inquietud inicial se fue convirtiendo en una confianza en el futuro,  los colonos empezaron a prosperar. Y a tener descendencia. Y sus descendientes siguieron disfrutando del paraíso. Y los descendientes de los descendientes también. Y así continuó por un tiempo. Creciendo de una manera que pareciese imparable... Sin embargo, y a pesar de todo, había una pequeña pega: aunque los recursos fueran en principio ilimitados, había uno que no: el espacio  disponible en ese edén no lo era. Era un mundo limitado. La única adversidad del paraíso.
Inicialmente pues, y como era de esperar, la población de los colonos creció rápidamente, duplicándose cada cierto tiempo. Nadie sospechaba lo que se les avecinaba (¿quién lo iba a imaginar?). Poco a poco todos los territorios del mundo fueron siendo ocupados, todas las posibles oportunidades explotadas, todos los rincones habitados. La sociedad que los colonos habían formado desde un principio empezó entonces a experimentar cambios inesperados en su estructura cuando todos los estratos sociales habían sido ocupados, todas las posibilidades de crecer agotadas, cuando simplemente no había más sitio para continuar expandiéndose.
Y ese fue el comienzo. El principio del fin del paraíso.
Algunos de los colonos empezaron por comportarse de una forma extraña, y esos comportamientos 'anomalos' fueron poco a poco extendiéndose entre todos. A los jóvenes se les descuidaba, dejándolos sin la protección habitual de los progenitores, con lo que su cambio hacia la madurez se vio también afectado, transformándose más tarde en adultos 'incapaces' y 'desequilibrados'. Las madres empezaron a volverse agresivas con sus hijos y los padres a desatender la progenie. De hecho, muchas de las futuras madres perdieron el interés en reproducirse, y otro tanto de lo mismo ocurrió con sus colegas masculinos, que en lugar de dedicarse a  las tareas más habituales hasta entonces, como el cortejo y la provisión para la familia en crecimiento, pasaban el tiempo comiendo, bebiendo, durmiendo, 'disfrutando' y, en definitiva, ocupándose de ellos mismos en solitario, en lugar de atender a sus parejas o las 'necesidades' del grupo. De alguna manera, y a pesar de la gran densidad de población que había en el mundo, sus habitantes se habían vuelto más solitarios que nunca antes. Eso sí, todos impecables, bien alimentados, sanos y hermosos..., aunque tristes y paranoicos, obsesionados y maniáticos. Los comportamientos se volvieron más y más errantes y 'absurdos'. La sexualidad también cambió, aumentando el número de individuos exclusivamente homosexuales, mientras que otros se volvían 'pansexuales' o hipersexuales. El abandono de los hijos llegó hasta tal punto que la mortalidad infantil creció a niveles nunca conocidos hasta entonces, lo cual, junto con la carencia de nuevos nacimientos provocó un colapso de la natalidad, y con ella también la sociedad. Algo había cambiado de forma irreversible: el comportamiento de los colonos en esa sociedad superpoblada ya no era el mismo que el de aquellos individuos originales a los que se les entregó el paraíso. Y, a pesar de que el mundo seguía proveyendo para todos, la sociedad colapsó como tal. Con el paso del tiempo, toda la población fue disminuyendo progresívamente hasta que el último superviviente de los colonos, mientras se acicalaba su bello pelaje y mirando de forma paranóica al resto del mundo, murió en su nido.

O por lo menos así cuentan las crónicas que describen el experimento del Sr Calhoun.