Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

viernes, 20 de agosto de 2010

Una sobre los 'faith schools'

Fue hace ya más de siete años cuando por fin nos llegó el momento de buscar un colegio para nuestra primera hija, que en aquel entonces tenía cuatro años. Como me imagino que le pasará a la mayoría de los padres en similares circunstancias, uno tiende a buscar lo mejor que haya disponible dentro de los medios de los que uno tiene. Nosotros, al vivir lejos de nuestro país de origen, de nuestras familias y amigos 'de toda la vida', no disponíamos de otra información más que la que nos pudieran dar en su momento aquellos conocidos y amistades locales (niñeras, otras madres, etc).
En nuestro caso la elección se inclinó en principio hacia un colegio católico de la zona. Prácticamente todo el mundo consultado estaba de acuerdo con la buena reputación de dicho centro. Esta creencia se mantenía incluso entre los mismos ingleses protestantes y los no creyentes. Para aquel entonces la religión me tocaba las narices tanto o más que ahora, pero pensé que si el colegio tenía buena reputación, quizás mereciera la pena enviar a nuestros hijos allí. Al fin y al cabo, pensaba, la educación 'religiosa' siempre podría ser 'corregida' dentro del seno familiar.
Mandamos solicitudes para los colegios más cercanos a casa y también para el colegio católico, que estaba más lejos, incluso a sabiendas que, si aceptados, tendríamos que llevar a los niños en coche al cole, con todos los inconvenientes que ello supondría. De alguna manera, la reputación del colegio nos convencía por encima de otros inconvenientes...
..., menos por uno en particular. 
Junto con la solicitud de admisión en el colegio, uno debía demostrar que profesaba la fe católica. Eso suponía que teníamos que ir a misa los domingos y fiestas de guardar, de forma que, de alguna manera, el cura local pudiera dar evidencia de nuestra fe a los que decidían quién entraba y quién no, lo cual por una parte pudiera parecer lo más normal del mundo para un colegio que se denomina abierta y públicamente como católico. Sin embargo, había una cosa que no me acababa de cuadrar: este colegio en particular era (es) un colegio público, es decir, pagado por el estado, que somos todos. Cuando me dí cuenta del timo, de la absoluta desfachatez que tenían de ser capaces de seleccionar al alumnado de acuerdo a la religión, aún siendo un centro enteramente público, dije que no, que por ahí no pasaba, que a misa iría la madre que los parió, que yo no iría.
Y efectivamente, la madre que pario a mis hijos, con más carácter y determinación que yo (que no fe), acabó ese año yendo a misa todos los domingos y fiestas de guardar.
Todas las solicitudes mandadas fueron aceptadas. Tanto en los colegios cercanos a casa como en el católico. Iba llegando el momento de la verdad, había que decidirse por un colegio u otro. Con la duda y la fecha tope para la decisión final pisándonos los talones, a mi mujer sin embargo empezó a tocarle las narices tanto hacer el paripé con eso de ir a misa para demostrar tu fe, cuando en el fondo no la tenía...
Tuvimos suerte. Al final mis hijos fueron al mejor colegio disponible en nuestro entorno y dentro de los medios que teníamos en aquellos tiempos (y que no han cambiado mucho desde entonces). Otros niños conocidos sin embargo no fueron tan afortunados como los nuestros, y acabaron yendo al colegio católico.

Y como ellos, muchos otros, y cada vez más. En un país como el Reino Unido, que uno tenía idealizado como con uno de los sistemas educativos mejores del mundo, y resulta que hasta un tercio de los colegios públicos son religiosos y se comportan al igual que el católico de mi historia. Y todos pagados con los impuestos de todo el mundo, seamos religiosos o no.

No es justo que este sistema siga como está. Tenemos que hacer algo para cambiarlo. Nuestro futuro (es decir, nuestros hijos) está en juego.

PS. Todo esto me ha venido a cuento de leer este artículo en Amazing.es, y después ver el programa del Sr Richard Dawkins (es usted mi héroe, no me cansaré de decirlo) sobre los 'faith schools' en el Reino Unido.