Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

domingo, 31 de octubre de 2010

Cuatro días de retiro, un alacrán adormecido, y veinte años después...

'Please make sure you use all your annual leave before the end of the year, otherwise you'll loose it', dijo mi 'line manager' hace no mucho. Y así fue como empezó todo.

Después de haber acabado de limpiar de chupones o vástagos al olivo más escuchimizado de mi parcela, y de despejar el suelo que rodeaba su base de matojos varios, decidí que ya que el arbolillo estaba en demasiada pendiente, no estaría mal hacerle una especie de murito de contención de piedra por la parte más baja, de manera que ayudase de alguna forma a evitar la erosión de suelo alrededor de la base del árbol que la lluvia pudiera ocasionar, y de paso igual se vería hasta bonito. Y bueno, que ya que se trataba del olivo más endeble de la parcela, pensé que se merecía por lo menos algo de más cuidado que el resto.
'Igual me da tiempo ha hacerlo antes de que venga la familia', pensé. Era sólo mi segundo día de 'retiro' del mundanal ruido. Había venido desde Londres el jueves por la noche y al día siguiente por la mañana ya había subido al monte. Solo. Padres y hermanos en Córdoba. Hijos y mujer en Londres. Y yo solito, a mi aire, limpiando vástagos de los olivos de la parcela, y pensando en mil y una cosas para hacer en esos cuatro días.  Calculé que volvería a Córdoba el domingo por la noche o el lunes por la mañana para así pasar por lo menos un día entero con la familia, antes de volver a Londres. Nunca hasta ese momento me había tomado semejante descanso para irme lejos de todo y de todos. Un experimento que se improvisaba y modificaba a cada minuto que pasaba...
Pero las cosas nunca salen como uno planea.
Comencé a hacer el murito de piedra para el escuálido olivillo, y mira tú por donde, debajo de uno de esos pedruscos que cogí me encontré un alacrán. 'Ostras, qué bicho más chulo, parece que está medio adormilado. A este le voy a hacer ahora mismo una foto con el macro'. Como es habitual en mí, dejé a medio hacer lo que tenía entre manos y me dirigí con el bicho hacia el refugio, donde tenía la cámara y demás bártulos. 'Este alacrán está super-aletargado', pensé, 'va a ser un sujeto ideal para sacar un par de buenas fotos'. A todo esto, noté el ruido de un coche que entraba por el camino: debía de ser la familia que venía a recogerme para ir a comer por ahí. 'Bueno', pensé, 'justo a tiempo para hacer las fotos, y el murito lo terminaré después cuando regrese'. 
'Hola a todos', '¿qué tal has pasado la noche?', '¿has pasado frío?', etc, etc. 'Mirad lo que he cogido', '¡Ostras qué chulo!', '¿le vas a hacer alguna foto?'...
Y así transcurrimos un rato, charlando entre nosotros, fotografiando al bicho, etc, etc, cuando de repente va y suena el móbil de mi padre. '¡Coño!, ¡¿y desde cuándo tenemos señal aquí en la parcela?!!' me dije para mis adentros.
'Oye, ¡que te llaman de Londres!', me dijeron. '¡¿Qué??!!!', '¡Mierda!, ¡a ver que ha pasado!, ¡esto no es normal!'. Sin embargo la preocupación inicial duró más bien poco al notar a mi padre sonreír mientras hablaba  con quien fuese que me había llamado. Se trataba de mi mujer.
'No te lo vas a creer: esta noche tienes una fiesta de tu promoción en Córdoba. Esteban te ha escrito una carta urgente que acabo de recibir, porque no tenían tu email ni ninguna otra manera de contactar contigo...'
'Ostras...' (shock emocional).
Y así, el shock perduró hasta las seis de la mañana del día siguiente, que aturdido por los acontecimientos, recuerdos y memorias que se me antojaban perdidas ya en el tiempo (hace ya casi veinte años desde que me gradué, que se dice pronto), así como por la cantidad de alcohol ingerido y una garganta irritada por el hablar a voces con el ciento y la madre (con muchos de mis ex-colegas universitarios no había hablado tanto durante la carrera), me fui por fin a casa de mis padres a dormir...
..., cosa que no pude demasiado, ya que al cabo de varias horas me desperté con un fuerte resacón que me dejó completamente tirado e inutilizado durante el resto del domingo entero. Un día perdido de mis cuatro días de retiro. O ganado, según se mire. Está claro que no estoy ya para estos trotes, aunque de hecho nunca lo he estado, para qué lo voy a negar.
Y así, al día siguiente me vine de vuelta a un Londres otoñal, frío y húmedo, a cicatrizar las 'heridas' ocasionadas (o re-abiertas, quién sabe) durante uno de los fines de semana más extraños e inolvidables que recuerde.


2 comentarios:

  1. Jajaj, vaya retiro. Vas a necesitar un re-retiro para recuperarte.

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  2. :) Desde mi ignorancia.. que buena foto, no?

    Estaras molido, pero y lo bien que lo pasaste?

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