Aladierno: "Rhamnus alaternus", arbusto o arbolillo siempreverde, de apariencia tremendamente variable, se cría en todo tipo de terrenos, y es nativo de la región mediterranea. Truncado: (del verbo truncar), cortar una parte a alguna cosa; dejar incompleto el sentido de lo que se escribe o lee; quitar a alguien las ilusiones o esperanzas.

sábado, 29 de junio de 2013

Foraging Dinners at Kew Gardens

Este jueves pasado tuve la osadía de hacer algo diferente, algo para romper la rutina del día a día: salir a cenar con mi mujer entre semana, aún a sabiendas de que acabaríamos volviendo a casa tarde y que al día siguiente tendríamos que levantarnos temprano para ir a trabajar, los niños, etc, etc, etc. La idea me surgió después de ver un anuncio al respecto en un baño de un restaurante español en Portobello: se trata de una serie de cenas 'exclusivas' con el toque particular de que el menú es a base de plantas silvestres comestibles (Foraging Dinners, en el Orangery Restaurant de los Kew Gardens), parte del 'festival' de 'IncrEdibles', también de los Kew Gardens.

Pues bien, ¿mi opinión? UNA PUTA MIERDA.
Y sin perdón, ¿eh?, aunque tengo que reconocer que a pesar de eso me lo pasé muy bien, pero más que nada porque disfruté de la compañía de mi pareja y la de los otros comensales desconocidos hasta entonces que se sentaron junto a nosotros (las fotos son de ellos, gracias Sebastian).
Me explico (de otra manera creo que sería injusto para los organizadores): La cena cuesta  £45 por cabeza, e incluye una bebida hecha en parte con plantas silvestres que te daban al comienzo, antes de sentarnos en la mesa. Después tenías que pagar aparte si querías beber más, cosa que hicimos (¡y menos mal, por que sino la velada hubiese sido incluso peor!). El precio en sí, junto a la descripción del menú y la información que describe el evento en el internet, te daba una idea de que ibas a comer comida exquisita hecha única y exclusivamente con plantas silvestres, o algo por el estilo. O por lo menos eso me hizo pensar a mí: 
el primer plato o como entrantes: esparragos asados de Kent, con varias hierbas silvestres. Le seguía unos trocitos de lubina con más hierbas silvestres y para acabar un postre de otras hierbas silvestres con algo de chocolate. Todo esto acompañado con las charlas del experto 'forager' que organizaba todo el asunto... ¿qué puede ir mal con este menú (sobre todo cuando ya vas preparado para recibir una comida vegetariana exótica)? Pues lo que me jodió en el alma era que de hierbas silvestres mucho hablar pero poco comer..., iluso de mí, qué poca idea de lo que me esperaba.





 El primer plato: cuatro putos espárragos normales y corrientes (de Kent quizás, pero los compras en cualquier supermercado, y de silvestres lo que yo te diga), acompañados de literalmente cuatro hojitas mustias de bitter cress que ni bitter ni ná de ná, ya que si esas hojillas aportaban algo al plato era únicamente en la composición para la foto, porque en el sabor, ni de coña. Eso sí, había cuatro o cinco pingonillos de algo verde que el forager nos dijo era una salsa de ortigas, aunque de nuevo, mis papilas gustativas se quedaron con las ganas de registrar alguna sensación nueva con ellos. En fin, que nos tuvimos que conformar con los esparragos habituales, y esperar que el plato principal fuese más decente...

Ilusos de nosotros. Yo ya me estaba oliendo el percaz, y la foto lo dice todo del segundo plato: dos trocitos ínfimos de pescado (vale, lubina, ¿y qué?), con tres trozos de patatas (sí, vulgaris & corrientes patatas), con..., veamos, DOS hojas de pennywort (ombligo de Venus, ya lo había probado antes, y en mayores cantidades y mucho más fresco que éste), dos gurruñitos de sea beet hervidos y debajo del pescado que vale, nunca lo había comido antes, pero el tamaño de la porción no te daba para distinguirlo de unas espinacas hervidas o cualquier otra verdura cocida por el estilo. Había también siete hojitas de algo que no nos enteramos qué era ni tampoco tuvimos mucha curiosidad, vamos, y, ojo al parche, esas cositas blancas que se ven sobre el pescado, eso es el 'hawthorn blossom' (petalitos de flor de espino blanco), que de nuevo, añadidos al plato púramente por efectos decorativos, pa la foto, vamos.
Y bueno, ya puestos, el postre no iba a ser menos que el resto: cuatro petalillos de rosa silvestre y una florecilla de 'cow parsley', todos mustios para no desentonar con el resto de los ingredientes previamente engullidos de esta cena. Eso sí, unas láminas azucaradas finísimas de fresas (será que porque están de temporada habrá pocas, no te jode...), con trocitos de chocolate blanco y una salsa tipo yogurt/ helado (todo muy silvestre, seguro). Tan bueno como escaso, aunque en este caso no se pudiera aplicar el principio ése de lo bueno si breve, dos veces bueno. En fin.







Pues eso, un timo organizado para tomarles el pelo el pijerío de Londres y a aquellos entusiastas del tema que pensaban que iban a aprender (y comer) un montón sobre comida silvestre. Desgraciadamente, me da la impresión que los únicos decepcionados serían los entusiastas de turno (entre los cuales me incluyo), ya que el resto me dio la impresión que sólo iban por eso del 'social event', o el 'something to do in the middle of the week', etc, etc.

Mereció la pena, sin embargo, la vuelta a casa desde los Kew Gardens atravesando Londres por la noche (llegamos casi a las una de la mañana): el 'Tomtom' nos condujo por el centro de una ciudad que hacía tiempo que no veíamos. Ese paseo sí que valió lo que nos costó la cena. Eso, y la compañía.